En Colta las brigadas de Misión Ternura emprenden una cruzada contra la desnutrición infantil

Riobamba, 23 de agosto de 2018.
“Dejar una huella”, esa es la consigna de Jéssica Torres y María José Cornejo, educadoras familiares de “Misión Ternura” que trabajan en las laderas de las montañas y zonas rurales del cantón Colta en Chimborazo. Su labor inicia en el parque de este poblado, a más de 3 mil 200 metros de altura cuyas raíces provienen de la cultura Puruhá. Allí, a las 7h30 acompañadas de un frío intenso, Mirian Chimbolema, coordinadora de la brigada les reafirma sus objetivos: ubicar a las familias y empezar con ellos un proceso de acompañamiento para trabajar con ellos combatiendo la desnutrición de los niños y niñas menores de 5 años de edad.
Las vidas de las dos educadoras familiares se han transformado. Se levantan muy temprano para dejar todo arreglado en casa antes de embarcarse en un bus. Todas las jornadas tienen un denominador común: largas caminatas y el ladrido de perros, “son quienes avisan que llegamos”, dicen con una sonrisa. Tienen la satisfacción de servir a quienes más lo necesitan, pero sobre todo para construir un mejor país que parte de vencer a la desnutrición infantil.
“Para ser educadora familiar de Misión Ternura se debe tener una mística muy especial, creer en lo que se hace además de fortaleza física. Tenemos jornadas en las cuales caminamos por horas”, dice Jéssica Torres. Esta vez le tocó visitar a las familias de la comunidad Secao San José. Ahí tiene a tres niños menores de 5 años de edad que deben ser atendidos. “Tenemos una alta dispersión pues las familias viven en diferentes lugares y separados por cientos de metros”, señala.
En San José de Miraflores (Colta) se ubica a Fanny Atupaña, una madre bastante joven. Dice que estudió hasta el segundo año de bachillerato y que luego se retiró para atender su hogar. Ella tiene un niño de dos años y medio y está segura que las técnicas serán un apoyo para orientarle en su crianza.
En el sector se observa parvas de cebada y trigo, campos verdes; es decir, la falta de alimentación no es el problema sino la forma cómo se alimentan. María José cuenta que motivar a una buena alimentación, especialmente de los niños y niñas con productos del lugar, es precisamente otro de los objetivos de la misión.
Poco a poco la figura del educador familiar de Misión Ternura en Chimborazo será imprescindible en esta labor de amor y ternura entre madres, padres e hijos. Desde que se lanzó este programa, en nueve cantones hay expectativa de la población pues se trata de disminuir los altos índices de desnutrición infantil que, en algunos cantones, supera el 50%.
Lupe Ruiz, Directora del MIES Chimborazo, cree que esta situación es parte de la violencia, en que, muchas veces vive la familia. “Puede haber alimentos pero si existe maltrato no hay las condiciones para que ese niño o niña se desarrolle integralmente en su estado físico y emocional”. Ruiz fue educadora durante muchos años y sabe que si la familia es acompañada, puede superar situaciones adversas mediante orientación, educación y un proceso permanente.
Misión Ternura ya ha sido presentada en nueve de los diez cantones de Chimborazo y pronto Riobamba se integrará a este programa prioritario del Gobierno Nacional. Actualmente, se atiende a 3.250 niños y niñas de 0 a 5 años de edad que no recibían atención del Estado.