Encuentro Internacional: De Pobres a ciudadanos: experiencias latinoamericanas de equidad y movilidad social

Encuentro Internacional:
De Pobres a ciudadanos: experiencias latinoamericanas de equidad y movilidad social
Equidad intergeneracional y Buen vivir
Discurso de presentación de las Agendas para la igualdad en el ciclo de vida
Doris Soliz Carrión
Ministra de Inclusión Económica y Social
El desarrollo centrado en las personas implica considerarlas en sus múltiples dimensiones, conexiones y potencialidades; detonar procesos que habiliten, fortalezcan y movilicen las capacidades, y generar las opciones de cohesión social y agencia, para la consecución de libertades individuales y sociales.
La exclusión social y los efectos de la pobreza acentúan sus impactos en las personas en el inicio de la vida, en el proceso de convertirse en ciudadanos y ciudadanas con todo su potencial creativo y productivo; y en la fase que, habiendo entregado trabajo y dedicación durante años, requerimos de soporte para mantener una vida digna. En este sentido, pensar en las políticas para la igualdad en el ciclo de vida implica una aproximación compleja, multidisciplinaria, y sobre todo, dialogal y dinámica.
La construcción de la constitución marco un hito fundamental para la atención a las personas durante su ciclo vital: afirmó la responsabilidad del estado en garantía de derechos en especial para la población considerada como de atención prioritaria; estableció la prioridad en la atención de niños, niñas, adolescentes y población adulta mayor; redefinió el rol concurrente del estado y la sociedad en el cuidado y la protección familiar.
Por otro lado, el ejercicio de políticas públicas se compone de momentos que se retroalimentan. El diseño conlleva evaluación y rediseño, la ejecución incluye monitoreo y reorientaciones. Estos procesos requieren de la participación efectiva de quienes serán sujetos de estas políticas, hacia la consecución de un contrato social, en el que una diversidad de actores de las políticas establezca compromisos; la creación de los Consejos Nacionales de la igualdad fue parte de este procesos y el ejercicio pleno de la participación de los actores involucrados: niños, niñas, adolescentes, jóvenes y personas adultas mayores, fue el camino recorrido para la formulación de las agendas que hoy se presentan.
Considerar a las personas en cada una de las etapas de su vida implica superar las concepciones tradicionales que dividían estas etapas, valorar y reconocer la identidad propia, necesidades e intereses de cada persona en cada etapa, pero también como parte de un conglomerado social, familiar, comunitario, y en constante interacción con otros grupos dentro de este conglomerado.
En este contexto, el elemento clave para pensar en agendas de políticas que atiendan al ciclo de vida es la equidad que en este caso, implica igualdad de accesos, oportunidades y resultados entre quienes pertenecen a grupos etarios diferentes. La equidad en esta diversidad de momentos de la vida, conduce además a pensar que la familia debe ser pensada como un espacio de relaciones, dinámico, complejo, que cambia de acuerdo a los cambios culturales, sociales, demográficos de nuestras sociedades. Las relaciones ya no son más jerárquicas, verticales, hegemónicas en torno a una señal patriarcal; crecen los hogares monoparentales dirigidos por mujeres, aquellos compuestos por jefaturas adultas mayores y sus nietos y nietas; aquellos compuestos por personas no relacionadas con vínculos de parentesco; las uniones no matrimoniales, las uniones en familias con diversas orientaciones sexuales; los hogares unipersonales de jóvenes y personas adultas mayores; los hogares con más de un núcleo familiar de jefatura femenina.
Por ende, las necesidades e intereses de los individuos dentro de estos grupos cambian. Si bien el cuidado en cada etapa específica de la vida tiene un núcleo básico de elementos que ya la ciencia ha definido y continúa perfeccionando, el relacionamiento social en el caso de cada grupo cambia de acuerdo a estos cambios, y por ende las estrategias de intervención de la política deben responder también a ellos.
Bajo el fin básico de la equidad, tres elementos fundamentales se proponen en las agendas del ciclo de vida: la protección social y cuidado; la generación de oportunidades y capacidades; y la ciudadanía.
La equidad intergeneracional tiene que ver con sistemas de protección y cuidados adecuados a cada etapa de la vida. Si bien el cuidado y protección de derechos son necesidades de todas las edades, su forma y énfasis son distintos a lo largo de la vida.
Así, la primera infancia y la adultez mayor requieren de atenciones especiales en cuidados directos. En el primer caso para la formación y desarrollo de capacidades; en el segundo para la protección integrada de la salud y el bienestar. Por ello en Ecuador se enfatiza en estas dos poblaciones como grupos de atención prioritaria para el cuidado y protección de derechos, desde el sistema de protección social y la educación inicial, en conjunto con el sistema de salud y seguridad.
La infancia temprana constituye la etapa de la vida donde cada niño y niña inicia sus aprendizajes y la construcción de su identidad. También desarrolla los primeros fundamentos de seguridad, autonomía y relaciones con los demás. En especial hasta los 3 años se producen cambios físicos con altísima incidencia en el desarrollo físico, cognitivo, social y emocional. No obstante, al igual que en todas las etapas de la vida, el desarrollo infantil es distinto en cada niño y niña de acuerdo al contexto social en el que se desenvuelve, el trato que recibe, las actividades que desarrolla y sus relaciones con los demás. Por ello, se trata de una tarea compleja que no solamente involucra las tareas directas de cuidado, formación y aprendizaje, sino las condiciones adecuadas de este contexto, que tienen que ver con las condiciones físicas, materiales, sociales y culturales de su familia y hogar. Es decir, el desarrollo infantil también es parte de la estrategia global de protección, movilidad social y superación de pobreza.
La agenda de niños, niñas y adolescentes en este contexto enfatiza en la necesidad de generar capacidades y oportunidades sustentables para esta población, por lo que se plantea proveer servicios integrales de desarrollo infantil, salud y educación, brindando atención prioritaria a la población menor en situación de vulnerabilidad y pobreza y bajo un criterio de equidad y respeto a las costumbres de cada cultura. Así mismo, se propone fortalecer la política de protección integral y restitución de derechos de esta población planteándose como un objetivo de claro la erradicación del trabajo infantil, de la mendicidad, y de las múltiples formas de violencia. Por otro lado, se establece una agenda de políticas con un fuerte componente de participación responsable de la familia en el desarrollo integral y protección a los niños, niñas y adolecentes.
En el caso de la población adolescente, si bien el mayor esfuerzo está en el sistema educativo, la protección social implica también promoción de los derechos sexuales y reproductivos, la actoría, la participación activa y la prevención de riesgos. Las agendas plantean transformaciones en los servicios con enfoques desde la demanda, cambios profundos en los niveles de profesionalización y especialización de los servicios, promoción e información sobre derechos, capacitación y diálogo sobre problemáticas, realidades y visiones adolescentes y juveniles. No obstante, es necesario profundizar en diseños más variados de políticas para esta población en particular, que ha estado históricamente menos incluida en las agendas de la política pública.
La agenda de la población adulta mayor hace referencia a la garantía del Estado de brindar condiciones dignas de envejecimiento, como un proceso individual, familiar y social mediante la construcción de una nueva forma de convivencia de las personas adultas mayores entre sí y con el resto de grupos de la sociedad. Estas condiciones tienen que ver con el reconocimiento de su contribución, el fomento de la participación, la generación de opciones de vida saludable, seguridad de ingresos, ocio y calidad del tiempo en general.
Por otro lado, la vida con calidad tiene que ver también con un acceso digno a servicios para la autonomía, salud física, mental y social de la población adulta mayor, la protección de esta población frente a exclusiones y vulneraciones de derechos, abandono, falta de afectos; implica fortalecer la cohesión del conjunto familiar y comunitario en el respeto y el cuidado como una relación de interdependencia.
Por su parte, la integración e inclusión social a través de la generación de capacidades son factores definitivos de equidad. Se refiere a la satisfacción de necesidades y accesos mínimos que permitan participar a la población de cada grupo en equidad frente a otros grupos de la sociedad. Implica el desarrollo del talento humano, la organización, las capacidades y recursos, de acuerdo a sus necesidades específicas, para la actuación en el espacio familiar, comunitario y social en general.
La integración también implica, en el caso de la población en edad escolar (niños, niñas, adolescentes y jóvenes) evitar la expulsión y abandono de los sistemas educativos y conexiones sociales y culturales. Implica también la recuperación de quienes han sido excluidos y se encuentran en situaciones de vulnerabilidad, tales como el trabajo infantil, abandono o discapacidad. Fundamentalmente, implica crear condiciones para la permanencia de esta población en el sistema educativo y los espacios de participación social, prevenir y restaurar las vulneraciones de sus derechos; neutralizar las causas de deserción, las de necesidad de trabajo prematuro y las de abandono del hogar.
Otro elemento fundamental de la generación de oportunidades es la inserción equitativa a la vida económica y social pública. En el caso de la población joven, implica la inversión en talento humano y capacidades para el trabajo, el rompimiento de barreras al acceso al empleo, facilidades de búsqueda, información y no discriminación por edad o género en este acceso en condiciones dignas. Esta estrategia también hace parte de cambios profundos a nivel de la política económica y de empleo, la regulación de los mercados de trabajo, los salarios y la valorización del trabajo en sus diversas modalidades.
En el caso de la población adulta mayor, implica la posibilidad de una vida autónoma, el reconocimiento de su trabajo de cuidados, de sus saberes y enseñanzas. Es reconocer su aporte y asegurar una estabilidad económica básica a lo largo de su vida. También implica reflexionar en que la población en el futuro tendrá una esperanza de vida mayor y aquello requiere contar con recursos de ahorro interno suficientes para que esta esperanza sea una certeza de vida con calidad. En el conjunto de la política esto implica un sistema de aseguramiento universal sustentable y un paquete de políticas de empleo, capacidades y oportunidades para sostener este aseguramiento en el futuro.
Pero la cohesión social, la inclusión y participación efectiva intergeneracional y durante el ciclo de vida no solo tienen que ver con el cuidado. El “buen convivir” es un proceso multidimensional, no lineal, basado en la iniciativa grupal y colectiva, y debe responder a la expresión de identidad y relacionamiento de cada grupo social. Esta identidad también está atravesada por factores socio-económicos y otras identidades: étnicas, de género. Y en cada etapa de la vida estos factores son vividos también en forma diversa. La equidad apunta a rescatar y reconocer la diferencia, para conseguir igualdad en accesos, oportunidades y resultados desde esta diferencia. Es imprescindible que en el proceso de desarrollo infantil esté presente la noción de respeto a las diferencias así como la no discriminación, y que estos principios se vayan acentuando durante la formación educativa posterior. Pero igualmente necesaria es la inclusión en estos procesos del empoderamiento y la capacidad de exigencia de respeto hacia los derechos de los grupos diferentes.
En el caso de la juventud la expresión de las diferencias y la diversidad se muestra más intensamente. La agenda de los y las jóvenes pone énfasis en esta expresión, desde la producción y creación juvenil, los espacios de intercambio, conocimiento, interconexión, debate, socialización. En términos de la política pública el desarrollo cultural tiene que ver con la multiplicidad de espacios formales y no formales en los que los y las jóvenes crean, se forman y aportan al acervo cultural de la sociedad. El desarrollo del capital cultural implica entender, conocer y dialogar. Se debe destacar en la agenda de juventud el cambio de visión de la juventud, como actores y actores estratégicos de la política, de la sociedad y de su propia vida; sujetos de derechos pero actores también de la corresponsabilidad social.
Un último eje fundamental de la equidad durante el ciclo de vida es la ciudadanía. La ciudadanía implica la condición y capacidad de los individuos de ejercer y decidir sobre sus derechos y capacidades individuales y en relación con los demás, y en especial en relación a la sociedad y el Estado. Esto implica la posibilidad de voz, voto y recursos de cambio, pero también implica la actitud corresponsable frente a sus deberes familiares y ciudadanos. Las agendas de infancia, adolescencia y juventud ponen énfasis en el ejercicio de la ciudadanía desde varios espacios, mecanismos y formas organizativas. Ya en Ecuador existen experiencias fundamentales de actoría de estos grupos de población, y el gobierno ha promovido la participación creciente de los y las jóvenes en la política y en las instituciones públicas. También, reconociendo que la ciudadanía no es sinónimo de asociación institucionalizada, se promueven también formas variadas de agrupación y participación en torno a diversos ejes de interés de la juventud. Es necesaria la promoción de actoría y espacios de participación más efectivos para la población adulta mayor, no solamente relacionados con su situación particular de salud o necesidades, sino también con la posibilidad de aprendizajes mutuos entre generaciones.
Una agenda de desarrollo para el ciclo de vida no puede presentar segmentos separados, derechos separados. Debe ser vista desde la integralidad y complejidad de las realidades de las personas en cada etapa, y debe contener elementos de varias dimensiones: cuidados, educación, salud, trabajo, protección social, desarrollo productivo, cultura, conocimiento, participación. La efectividad de las políticas depende de la existencia de un hilo conductor definido y de largo plazo en el cual se vayan insertando consistentemente las estrategias sectoriales.
Pensando en esto presentamos hoy las agendas de infancia y adolescencia; juventud y población adulta mayor: publicadas por separado, para mirar sus especificidades y necesidades desde la identidad etaria particular; pero basadas en un eje conductor que es la calidad de vida en las etapas que enfrentan mayor vulnerabilidad y necesidades, pero también inmensas potencialidades para la consecución del buen vivir a lo largo de la vida.